
Angela Merkel, canciller alemana, tiene fama de pesada: desde el año 2005, cuando llegó a ser jefa del gobierno, la gente solía quejarse de lo indiferenciado de su manera de hablar, de lo feo de su peinado, y de lo casero de su vestuario. El mes pasado una nación entera de repente sufrió un paro cardíaco, cuando vimos a la representante del pueblo alemán durante la inauguración de la nueva opera de Estocolmo. Doña Angela estrenó un vestido de gala con escote escocés: muy económico, y por lo tanto de poca tela.
De un momento a otro, los alemanes nos quedamos traumatizados. Una persona pública de primera fila, completamente asexual en el pasado nos confrontó con dos hechos ofendientes y una consecuencia flagrante y horrorosa: ¡la canciller alemana es una mujer!
7/05/08
El escote real
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