En la ciudad de Stuttgart, la capital de la provincia de Baden-Wurttemberg, el gobierno regional, representado por el presidente Stefan Mappus (CDU), y Ferrocarriles Alemanes (Deutsche Bahn) han iniciado el derribo de la antigua estación terminal. Los planes oficiales preveen la sustitución del edificio protegido por la declaración de monumento histórico por una estación subterránea con el fin de crear una conexión moderna, el nuevo «eje oeste/este en carriles» a nivel europeo.
En la población la cuota de rechazo del proyecto es alta: un 64 % repudian el plan según sondeos fiables. Decenas de miles de personas se manifiestan en contra de las construcciones y de la deforestación de un parque adyacente. Los argumentos de los adversarios cuestionan tanto la factibilidad técnica del proyecto como el cálculo de costes de parte de las autoridades. (Las cifras en cuestión oscilan entre un tres mil millones de euros y nueve mil millones.)
La semana pasada, la policía procedió contra los manifestantes pacíficos con lanzadores de agua y espray de pimienta, provocando traumatismos graves entre los participantes jóvenes y jubilados.
Pero los antagonistas del «Stuttgart 21» no se dejan intimidar. Siguen pidiendo un plebiscito sobre el futuro del proyecto y la interrupción inmediata de las obras. Las posiciones van endureciéndose.
09/10/10
Stuttgart 21
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 Comentarios:
Publicar un comentario en la entrada